CANNES_A3_FAADA_LION_ESP_baixaDesde nuestra Fundación y en colaboración con la agencia de publicidad Contrapunto, estamos a punto de lanzar una nueva iniciativa (¡estad atentos!) para dar a conocer lo que se esconde detrás del uso de animales salvajes en el sector audiovisual. Antes, nos gustaría recordaros cuales son la principales problemáticas del caso: quizá no tan evidentes como en el caso de otras formas de maltrato animal, pero no por esto  menos graves.

A la hora de mirar un anuncio/programa TV/película con animales salvajes, el público suele ver animales en aparentes buenas condiciones de salud y que no parecen estar sufriendo algún tipo de abuso: pero para entender cómo funciona realmente esta industria, es necesario mirar un poquito más allá, preguntándose de dónde proceden estos animales, cómo viven cuando las cámaras no están grabando y cómo es posible que algunos de los mayores depredadores del mundo se muevan tan tranquilos entre cámaras y personas.

En primer lugar, ¿de dónde vienen y dónde viven los animales “actores”? Algunos de ellos han sido capturados de su estado salvaje (es éste el caso de Dumba y Babaty, las dos elefantas más “famosas” de nuestro país y que fueron cazadas cuando eran sólo unas crías a pesar de pertenecer a una de las especies más amenazadas del mundo). Los animales nacidos en cautividad por otro lado, provienen de circos, zoológicos, colecciones particulares y empresas dedicadas al entrenamiento y alquiler de animales para filmaciones (algunas de las cuales tienen denuncias por falta de licencia, por maltrato a los animales y suelen criar a sus animales de manera indiscriminada para venderlos a zoológicos y/o particulares). Algunos de estos animales además (como en el caso de la “famosa” osa Tima) son de propiedad de circos, que cuando no están trabajando en espectáculos por todo el mundo, subalquilan sus animales para sacar un provecho extra.

¿Y no viven bien en cautividad? Incluso con las mejores intenciones, es imposible ofrecer a un animal salvaje un hábitat adecuado y donde poder desarrollar sus comportamientos naturales y cumplir sus necesidades biológicas y sociales (los elefantes, por ejemplo, suelen vivir en grandes manadas y caminar hasta 50 km cada día, algo que resulta sencillamente imposible en cautividad): todos los animales que se emplean en la industria audiovisual española viven en centros que los mantienen en jaulas o espacios de dimensiones reducidas y privas, o casi, de enriquecimiento ambiental.

El conflicto entre sus instintos naturales y la realidad a la que son forzados a vivir les lleva en muchos casos a realizar comportamientos impropios de su especie (comportamientos estereotipados) que son repetidos de forma obsesiva y que indican una falta de adaptación a su entorno – en otras palabras, enloquecen.

No tenemos que olvidar además, que los animales “actores” tienen que realizar a menudo viajes muy largos, pasar horas y días enteros en remolques de camión y actuar bajo fuertes luces, ruidos y rodeados de personas extrañas: un conjunto de situaciones que les resultan extremadamente estresantes.

¿Pero no están domesticados estos animales? Los animales salvajes son y siempre serán tales y para “domesticarlos” sus entrenadores tienen que emplear técnicas que – lejos de la mirada del público – implican graves abusos para los mismos.

7374469232_a609190c2d_bEs práctica habitual por ejemplo, en el caso de grandes felinos y primates, separarlos de sus madres a muy temprana edad (algo que de por sí ya representan un maltrato) y criarlos a biberón para intentar que hagan impronta con su propietario y así les obedezcan: aún así, y como declaran muchos entrenadores, es necesario tener mucho cuidado con estos animales ya que, al tratarse de animales salvajes y que nunca perderán sus instintos naturales, en cualquier momento (sobretodo llegados a la edad adulta) pueden atacar o ponerse agresivos con las mismas personas que los han criado desde pequeños.

Así mismo, en muchos casos resulta necesario mutilar a los animales para que resulte más fácil trabajar con ellos: la tigresa Noa (protagonista de la mayoría de anuncios y programas de nuestro país) por ejemplo, así como la gran mayoría de los grandes felinos empleados en esta industria, ha sido desungulada. Esta práctica brutal y dolorosa consiste en cortar al animal la tercera falange de cada dedo hasta la articulación, amputando también hueso, nervios, ligamentos y tendones.

Otras técnicas incluyen alijar o extirpar los colmillos de los animales o sedarlos para que resulten más dóciles.

¿Y entonces cómo se consigue entrenarlos?

Las técnicas de “entrenamiento” de estos animales incluyen en los “mejores” de los casos la manipulación por hambre (el mantenimiento de los animales en un estado de hambre para que actúen a cambio de comida durante las actuaciones) pero también la violencia física y verbal, o las descargas eléctricas en el caso de los elefantes.

Muchos espectadores u artistas del mundo del espectáculo suelen alegar que durante las grabaciones estos animales se ven felices y a gusto, pero no tenemos que olvidar que, sobre todo en el caso de especies salvajes, solemos atribuir a los animales características que no son propias de su especie y malinterpretar sus gestos y actitudes. ¿Sabías por ejemplo que la típica risita de chimpancé a la que estamos tan acostumbrados a ver en pantalla es para ellos una mueca de pánico?

¿Estos animales trabajarán hasta hacerse viejos? No, estos animales son “útiles” para la industria solo unos pocos años. Cuando lleguen a la madurez sexual y se hagan demasiado fuertes y potencialmente peligrosos, acabarán en jaulas de donde no saldrán durante el resto de sus vidas, serán vendidos a centros u zoológicos incluso extranjeros o serán recluidos y utilizados únicamente para la reproducción, perpetuando el maltrato animal y la industria del cautiverio.

Los chimpancés, por ejemplo, tienen una vida artística que termina aproximadamente a los seis años de edad, porque a partir de entonces ya tienen más fuerza que cualquier hombre, y al convertirse en potencialmente muy peligrosos son descartados y sus vidas se hacen, si cabe, aún más miserables.

¿No es cierto que muchos de los animales empleados en la industria audiovisual provienen de centros de rescate que los emplean para poder seguir cuidando de ellos?

No, es absolutamente falso. Ningún centro de rescate de verdad utilizaría a sus animales para fines de lucro, les obligaría a llevar a cabo actividades anti-naturales, les criaría en cautividad, o les mutilaría para que puedan trabajar. Al contrario, les ofrecería las condiciones de vida más naturales posibles y la posibilidad de realizar los comportamientos propios de su especie (que no incluyem vender aspiradoras o colchones). En España además, existen un número muy reducido de centros oficialmente acreditados como “de rescate” y ninguno de ellos alquila sus animales para cine o publicidad. El hecho de que hayan empresas que se “venden” como centros de rescate en un intento de hacer negocios, representa otro engaño a daño de los profesionales de la industria y de los telespectadores.

Descarga y encuentra muchísima información en nuestro dossier: LOS ANIMALES NO VENDEN! 

 

2 thoughts on “Animales salvajes y publicidad: ¡todo lo que necesitas saber!”

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